El Perdón

El perdón nace de una necesidad de vivir en sociedad y ser aceptados por la misma. No necesitaríamos el perdón si no necesitáramos al otro, pero cuando el otro es nuestro padre/madre, herman@, pareja, hij@, etc. El perdón se convierte en una necesidad mal interpretada puesto que lo que verdaderamente buscamos es que sea el otro el que nos pida perdón a nosotros y no al revés.

Esto es debido, a la convicción de que nuestra realidad está por encima de la de los demás. En el momento en el que aceptamos que cada cual vive su realidad y por tanto cada uno ve la vida desde su prisma salimos de la necesidad de cambiar al otro o de la necesidad de que el otro entienda nuestro punto de vista.

Si a todo esto le añadimos el hábito en el que estamos acostumbrados a vivir y del que nos cuesta horrores salir que es el hábito de querer tener razón nos encontramos con un resultado de vivir en la incomprensión y el victimismo en muchos de los casos.

Cuando llegamos aquí, encima nos creemos con derecho a exigir que sea el otro el que nos pida perdón por no habernos entendido y por pensar de una forma tan… distinta a la nuestra. Es en este punto justo en el que debemos entender que lo que nosotros interpretamos como rabia, dolor, injusticia hacia el otro por lo que nos ha hecho e incluso por lo que no nos ha hecho, pero consideramos que tenía que haberlo hecho no es más que una excusa para buscar a quien culpar porque nuestra vida no es la que queríamos o creíamos que debía de ser.

Estoy así porque mi madre me hizo…, porque mi padre no me dio…, porque mi pareja no me pidió… y podríamos seguir con una larga lista de ejemplos hasta que alguien nos diga ¡BASTA! Estas así porque tu prefieres no entender y no perdonar, estas así porque si perdonas ya no tienes a quien responsabilizar de tus desgracias y te es más fácil culpar a otro antes de aceptar coger las riendas de tu vida y arriesgarte a tomar decisiones, estás así porque te has acostumbrado a cargar con ese peso sobre tu espalda y no sabes cómo vivir si lo sueltas.

La solución es tan fácil como decir: te perdono por … y te pido perdón por haberte juzgado, es más me perdono por todo el daño que hasta hoy me he estado haciendo al cargar con tanta rabia y tanto dolor, merezco liberarme de este peso, merezco ser feliz y disfrutar de la vida, merezco crecer, merezco responsabilizarme de mis actos y mis decisiones.

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